A lo largo de la vida, pasamos por épocas de mayor o menor estabilidad emocional, en función de los factores estresores del momento, pero también de nuestro estado de ánimo.
A veces, puede darse al caso, que los períodos de desánimo, perduren más de lo deseable y el sufrimiento es tan intenso, que nos sobrepasa. Estamos ante una perturbación emocional, difícil de gestionar y que supera nuestros recursos para hacerle frente.
En estos casos, tenemos la opción de seguir adelante, con la esperanza de que el tiempo solucione nuestro malestar emocional, podemos intentar encontrar posibles soluciones, que no siempre serán efectivas o actuar repitiendo los mismos comportamientos que hemos utilizado en otras ocasiones. A pesar del esfuerzo, es probable que la situación no mejore y que con el paso del tiempo nos encontramos cada vez, con menos fuerzas.
Incluso puede que te veas repitiendo los mismos comportamientos que otras veces no te han llevado a buenos resultados.
Te recomendamos que no te juzgues. Normalmente actuamos de una manera por alguna razón, aunque no seamos del todo conscientes de ello. Quizás porque hemos aprendido a «ser» así, porque nos sirvió en un momento dado, o porque la consecuencia de mantenernos así nos es más beneficiosa que hacer otra conducta diferente…
Puede que ahora mismo te falte PERSPECTIVA , AYUDA y/o CONOCIMIENTO .
Dicen que las cosas se ven mejor desde fuera, y por eso quien se interesa por nosotros nos da consejos. Algunos más o menos acertados, pero tampoco les juzgaremos. ¿Por qué haríamos si lo hacen con toda su buena voluntad? Nuestro objetivo en terapia es aclarar, entender y relacionarnos con los demás de una forma que nos haga sentir bien.
La psicóloga es como el tercer ojo que nos falta, pero además aporta el conocimiento científico de forma comprensible y facilita herramientas para que mejore tu funcionamiento diario.
Si te encuentras mal, pero no sabes cuál es el problema:
Hay veces que no se nos ocurre ir a un psicólogo porque no sabemos que lo que nos pasa es un problema común y que, por tanto, tiene solución. No esperes a que se agrave, consulta tu situación con un profesional sin ningún compromiso.
Si pensaste en venir, pero no te decidiste:
Es normal ponerse excusas más convincentes como «No estoy tan mal», «Pensará que estoy loco/loca», «¿Qué pensarán los demás?», o que te dé miedo lo que puedas descubrir. O simplemente prefieres invertir ese dinero en hacer planes con tus amigas, compras,… cosas que también te hacen sentir bien. Todas son comprensibles, pero… ¿por qué, si no acabas de estar del todo bien, sigues evitando una posible solución?
Si has ido, pero no te acabó de funcionar y piensas que la psicología no puede ayudarte:
La terapia, como tantas otras disciplinas, no está robotizada (al menos todavía). Son varios los factores que influyen en el progreso terapéutico (perfil del paciente y enfoque terapéutico, implicación en el proceso, características personales de ambos, momento vital de la persona, entre otros). Te recomiendo que no seas tan taxativo/a con algo que de verdad importa: TU SALUD. Normalizamos acudir a varios profesionales médicos (por ejemplo, traumatólogos) antes de decidir qué operación/medicación tomar. ¿Por qué no hacer lo mismo con la psicología?
Recupera tu bienestar con la ayuda profesional que necesitas; de forma comprometida, asequible y confidencial.
¡Cuándo y desde donde quieras!