A medida que conocemos a la otra persona y su propia historia. Y viceversa. Dejemos entrar un poco más a quienes descubren nuestras carencias y las aceptan. Porque esto nos hace sentir bien o encaja con lo que pensamos que merecemos.
Las relaciones se construyen con el tiempo y los actos que suceden: algunos improvisados, otros fruto de una toma de decisiones consciente.
Crecen con cada confesión compartida, cada obstáculo que se comparte y se supera en su conjunto, cada aspecto que a ti te hace sentir bien y la otra persona respeta. Del mismo modo, se pueden estancar, desgastar o desvanecer por muchos motivos.
Por ejemplo, no solemos aprender a discutir sin terminar más distanciados o sentirnos tristes, culpables. Las discusiones suelen tener implícita una connotación negativa, un estado de ánimo desagradable.
Por eso, a veces, hay quien las evita. Traga necesidades, crea deudas, dice «mentiras piadosas». Antepone la supervivencia de la relación a él/ella oa la pareja, pensando que es lo mejor, al menos a corto plazo. Pero estas pequeñas concesiones que hacemos en la relación se van acumulando y perdemos el interés.
¿Y si reiniciamos?
Recupera tu bienestar con la ayuda profesional que necesitas; de forma comprometida, asequible y confidencial.
¡Cuándo y desde donde quieras!